¿Cómo funciona el GPS?

El ser humano ha mirado a las estrellas para orientarse desde tiempos inmemoriales. Los movimientos celestiales y la posición de nuestro sol nos han permitido explorar y descubrir hasta el último rincón del planeta.

En cierta forma, el GPS mantiene vivo ese método, aunque de una manera menos poética. El secreto de su funcionamiento reside en una constelación de 31 satélites que orbitan la Tierra a unos 20.200 kilómetros de altura. Cada uno de ellos completa una vuelta al planeta cada doce horas, aproximadamente.

Estos satélites se hallan en diferentes planos orbitales, de forma que cualquier lugar terrestre está cubierto por varios de ellos en todo momento. Emiten una señal de radio característica, conocida como efeméride, que es la que captan las antenas GPS de los navegadores, los móviles, los relojes o los receptores con que se equipan todo tipo de vehículos.

Esta señal permite calcular la posición relativa del satélite con respecto al receptor. Cuando se combinan las señales de varios satélites, es posible conocer mediante triangulación la posición del sujeto o vehículo con una precisión aproximada de cinco metros, aunque algunos sistemas de control y el uso de diversas bandas de comunicación logran reducir esa cifra hasta un metro.

Por lo general, nos basta con recibir la señal de tres satélites para conocer la longitud y latitud a la que nos hallamos. Con un cuarto satélite también podemos saber nuestra altitud. En los receptores equipados con relojes sincronizados con la red de satélites es posible conocer estas tres incógnitas con la señal de solo tres satélites, o la latitud y la longitud con solo dos.